Cómo la naturaleza sana nuestras mentes

A medida que la primavera comienza a aparecer en el condado de Eagle, muchos de nosotros sentimos un impulso casi instintivo de salir al aire libre. Cuando suben las temperaturas y se alargan las horas de luz, el entorno cobra vida con el canto de los pájaros, el rugir de los ríos y el correteo de las ardillas. No es solo la vida silvestre la que experimenta este impulso; los seres humanos también sienten una necesidad estacional de conectar con la naturaleza, algo que forma parte de lo que científicos y psicólogos denominan ecopsicología. La ecopsicología explora la relación entre el bienestar humano y el mundo natural. Su concepto fundamental radica en que nuestra salud mental, emocional y física está profundamente entrelazada con el entorno que nos rodea.

La primavera en el valle de Eagle es una invitación a reconectar. Incluso unos pocos minutos al aire libre pueden calmar la mente, mejorar el estado de ánimo y recuperar la concentración.

Los investigadores han descubierto que incluso periodos breves, de tan solo 10 a 20 minutos al aire libre, pueden generar cambios mensurables en la mente y el cuerpo. Los árboles liberan compuestos en el aire llamados fitoncidas; las investigaciones sugieren que estos pueden reducir los niveles de cortisol y adrenalina, disminuir la presión arterial y activar el sistema nervioso parasimpático. La luz solar aumenta nuestros niveles de vitamina D, la cual es esencial para la producción de serotonina —la hormona del bienestar—, que mejora el estado de ánimo, la concentración y la sensación de calma. Además, el aire fresco de la montaña suele contener iones negativos generados por el movimiento del agua, los cuales pueden contribuir a mejorar el estado de alerta y aumentar la energía mental al favorecer la absorción de oxígeno. Los entornos naturales también brindan a nuestro cerebro un descanso que los psicólogos denominan «restauración de la atención». La vida cotidiana moderna a menudo nos rodea de entornos bulliciosos que exigen un estado de alerta y una toma de decisiones constantes. Por el contrario, la naturaleza ofrece movimientos suaves y pausados, como el de las nubes, el temblor de las hojas de los álamos o el murmullo de un arroyo. Estos estímulos apacibles evocan lo que se describe como «fascinación suave», un estado que permite que nuestra atención descanse y se recupere.

El agua, los bosques y las vistas montañosas estimulan los sentidos de una manera tan cautivadora que solo puede explicarse mediante lo que se conoce como la hipótesis de la biofilia. La hipótesis de la biofilia —un concepto fundamental de la ecopsicología— postula que la búsqueda humana de conexión con la naturaleza podría estar respaldada por una tendencia innata y genética. Dado que los seres humanos siempre han dependido de paisajes saludables que les proporcionaran recursos como agua limpia y refugio seguro, resulta lógico que sintamos una atracción profundamente arraigada hacia ellos. Afortunadamente, en el valle de Eagle contamos con muchos de estos tipos de paisajes: praderas abiertas, linderos de bosques, ríos que serpentean por los valles y puntos elevados que ofrecen vistas panorámicas.

La naturaleza ofrece un suave reinicio. Sal al exterior y deja que el paisaje haga lo que siempre ha hecho: ayudarnos a sentirnos más nosotros mismos.

Todas estas son razones que explican por qué las personas suelen sentirse más tranquilas después de un paseo junto al río Eagle o de una caminata cerca de Vail. El valle de Eagle ofrece innumerables formas de experimentar los beneficios psicológicos de la naturaleza. Esta primavera, considera estas sencillas maneras de reconectar con el paisaje y cosechar los beneficios respaldados por la ciencia: dé un paseo pausado por un sendero local y presta atención a las diversas vistas, sonidos, texturas y olores que te rodean; pasa tiempo cerca del agua, ya sea pescando, haciendo *rafting* o simplemente sentado a la orilla del río; o, sencillamente, intenta practicar la reflexión al aire libre en el espacio verde más cercano. Estos actos de reconexión pueden profundizar nuestra relación con los paisajes que nos rodean, al tiempo que mejoran nuestro bienestar físico y mental.

La ecopsicología nos recuerda que conectar con la naturaleza forma parte de la condición humana. En un lugar como el condado de Eagle, donde las montañas son inseparables de la vida cotidiana, esa conexión constituye uno de nuestros mayores recursos. Al fin y al cabo, tal como sugieren muchos ecopsicólogos, cuanto más amamos, cuidamos y conectamos con la naturaleza, más probable es que la protejamos para las generaciones futuras.

Abby Donato es naturalista en Walking Mountains y le encanta utilizar su pasión por la naturaleza para fortalecer los vínculos entre las personas y el aire libre.